miércoles, 26 de octubre de 2016

COSTURA PARA PETARDAS

Hoy estaba emocionadísima, porque por fin iba a aprender a coser y a hacer patrones.
El taller de costura comenzaba a las cuatro de la tarde. Sólo yo llegué puntual, así que me dio tiempo a instalarme en una mesa minúscula (cabe decir que el taller en cuestión se imparte en un instituto y las mesas son unas maravillosas superficies de color piscina donde casi no te caben ni los brazos)
Poco a poco, se sucedió un goteo de mujeres, de edades comprendidas entre los treinta y los sesenta y muchos.
Después de que la profesora llegara (diez minutos tarde) y se terminara la verbena entre algunas compañeras, que pareciera que en vez de a coser, van a bailar la jota, se pasó lista y se comenzó la clase.
La buena mujer, me pregunta si sé coser... Ni pajolera idea.
Bien, entonces coge una revista y empieza a sacar patrones... ¿Mande?
Con gesto estupefacto, rebusco en la pila de revistas alusivas a la materia y pillo una al azar, al tiempo que rezo por encontrar un patrón "facilito" que "se haga solo" o contenga "explicación añadida que no me han dado".
Encuentro a mi lado una chica encantadora que, fíjese que cosas, me termina ayudando más que la profesora, ocupada en departir marujeos varios con el resto, es decir, las que saben coser.
Otra compañera, se hace la gentil y me ayuda a colocar los alfileres en el dichoso papelito... Me confundo de color (los planos de patrones tienen más líneas y colores que las líneas de metro) y, en lugar de hacerme un vestido, me estaba haciendo un pantalón. Error de novata, supongo. Imperdonable, puesto que la misma compañera "gentil" se mofaba a gusto de mi seguridad a la hora de ponerme a marcar la línea de corte.
Al final decido hacerme una falda de cuadros bastante mona (y muchísimo más fácil, para qué nos vamos a engañar) que, por supuesto, coincide con el modelito escogido por "Gentil", esta vez toda indignada porque, craso error, no sabía que no se podía coincidir en gusto, oiga...
Otra compañera, también encantadora, quiere hacerse un vestido beige con unos paneles en los costados color marrón. Cuando le sugiero, desde la perspectiva de su espalda, que iría bien el marrón chocolate, me espeta... ES QUE LO QUE LLEVO NO ES MARRÓN CHOCOLATE???? Y me enseña los legings debajo del vestido color café con cara de petarda faltona.
Aguanto el tipo como puedo y pienso, marrón chocolate no se, pero el tono vinagre te quedaría de lujo, pedazo de borde.
Van llegando las seis de la tarde y el ambiente se carga. La profesora decide que con enseñarle a una sola persona a hilvanar, todas aprenderemos al tiempo. Y tenemos que ir detrás de los cuartos traseros de la buena señora, rotando de mesa en mesa, porque sino no nos enteramos de nada.
De tanto forzar la postura en esas maravillosas mesas, termino jorobada y con un dolor de cabeza espantoso. Empiezo a preocuparme cuando me bailan los colores de las líneas de metro... Perdón, líneas de corte.
¿Necesitaré gafas?
No, hija, tú lo que necesitas es una mesa en condiciones y un hilo musical de fondo que no te recuerde a un jaula de Periquitos.
Conclusión, para lo que he aprendido hoy, prefiero ver tutoriales en Youtube.
La costura para marujas petardas no es lo mío...
La semana que viene, me apunto al taller de la mejor profesora de costura que conozco... Mi suegra :)

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